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Rosita Santelices Errázuriz
Psicóloga Clínica Pontificia Universidad Católica de Chile.
Especializada en Psicología y Espiritualidad.
Escritora.

mail: rosita@casablancawines.com

lunes, 11 de enero de 2010

Capítulo libro "LUZ EN LA MONTAÑA"

PÁGINA 63

1º de AGOSTO 3:30 p.m.
DESCENSO


Comienza nuestro descenso a ciegas. Los arbustos se cruzan a nuestro paso, obligándonos a buscar espacios entre ramas y espinas. De pronto un lugar más abierto, pero demasiado empinado. Un fuerte resbalón y una caída de cuatro metros me enseñan que no será fácil el descenso. No siento el dolor de mi brazo rasguñado.

Los helicópteros sobrevuelan el área. Nada, no se ve nada. Patricio avisa a la Torre de Control que no sigan buscándonos por aire. La nula visibilidad puede causar otra desgracia.

Voces ascienden al cerro. Luego se alejan hacia la cumbre. No cabe duda, nos cruzamos y la tarde que se viene encima, corta tarde de invierno que amenaza con traer muy pronto la noche. Recuerdo que solo atinábamos a bajar. Llegaríamos a algún lugar, fuera donde fuese.

En un espacio entre los arbustos, mientras gritos y señas se desplegaban hacia el zumbido de los helicópteros y las voces alejándose, un golpe de cansancio me hizo tenderme en la tierra. Necesitaba dejarme caer y entregarme por un momento a las circunstancias. Un perfume de pastos y la tibieza del suelo me trasmitieron la presencia de la vida. Hasta en los momentos más límites donde uno cree que está en juego la vida y la muerte, si nos abrimos a tomar conciencia del presente, siempre está la vida esperándonos para entregarnos su energía que es amor y protección. Aún cuando el resultado sea la muerte del cuerpo, nuestro ser interior es acogido por nuestro Padre-Madre que nos creó para la vida eterna. Esperar siempre, mas allá de toda esperanza que el Amor existe y está presente en este mundo a través de todas las cosas, de la naturaleza, de los acontecimientos y, por sobretodo, a través de las personas. Esa tarde del 1º de Agosto alrededor de las 4:30 p.m. sentí que todo me habló de resurrección, de que nada muere, que todo cambia y se transmuta como parte de lo Divino.

Me levanto del suelo, porque hay que continuar con la marcha hacia la ciudad antes que anochezca.

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